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martes, 1 de agosto de 2017

" Y... POR QUE NO (13)"



   #yporqueno

                                                       " Y... POR QUE NO (13)"

                                                                             13

No se fueron muy lejos, ya que a dos manzanas del edificio donde vivía Blanca, estaba la zona de copas, con más movimiento en la noche madrileña. Tropezando hasta con las baldosas por los tacones y las risas, que les daba flojera en las piernas, llegaron hasta el primer local. La música de salsa se escuchaba fuera en la puerta, con bastante intensidad. No dudaron en ponerse  bailar en fila india hasta que entraron dentro. Llamando con ello la atención de la mayoría de la gente que estaba cerca de la entrada, entre ellos un grupo de cuatro chicos.

Se encaminaron hacia la barra, donde pidieron el siguiente cubata. Uno de los chicos se acercó a ellas, preguntándoles si les permitían invitarles a una copa a cargo de sus amigos y de él mismo. No se lo pensaron mucho y contestaron que sí. Él hizo un gesto con la mano a sus compañeros y se acercaron en un abrir y cerrar de ojos. Sandra esa noche estaba que se salía de los zapatos. Hacía mucho que no salía de fiesta y quería romper esa noche, así que no dudo en aceptar las insinuaciones de uno de ellos.

 Las demás menos Blanca estaban en su salsa. No paraba de pensar en Pablo y las ganas que tenía de verle. En esos momentos se le pasó por la cabeza acercarse al hotel donde trabajaba y hacerle una visita de cortesía. Entre las ganas que le tenía y el efecto del alcohol, no se lo pensó más y se lo dijo a una amiga. Aunque no les sentó muy bien que se marchara en esos momentos la entendieron. Al salir cogió un taxi, le indicó la dirección y la dejó en la puerta del hotel.

Pablo esa noche estaba tranquilo. No había mucho movimiento de entradas. Y se puede decir que todas habitaciones estaban ocupadas menos dos, y eran de personas de paso que querían descansar para seguir camino. Así que movimiento de entradas y salidas no iba a ver. Estaba mirando la pantalla del ordenador y organizando algunos servicios que habían requerido algunos clientes para la mañana siguiente, cuando sintió que había alguien apoyado en el mostrador de recepción. Levanto la mirada y allí estaba ella. Se le paró la saliva al tragar, le pilló desprevenido.

Seguimos...

© Geraldine Lumière.

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