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lunes, 9 de octubre de 2017

"Y... POR QUÉ NO (CAP.21)"



                                                     "Y... POR QUÉ NO (CAP. 21)" 

                                                                            21

  Tanto que las manos ya no estaban quietas y se movían como plumas por sus cuerpos desnudándose el uno al otro. Sus respiraciones se aceleraban, sin apenas separar sus bocas acabaron en el suelo encima de la alfombra. Pablo sin separarse casi de ella le abrió más las piernas y de un golpe certero la penetró, Blanca de sentir ese golpe de placer le clavó las uñas en la espalda. Le dio varias embestidas fuertes y paró de golpe para empezar a hacérselo suave mientras no dejaba de comerle la boca y le apretaba un pecho con su mano. Ella no tardó en correrse ya que su deseo por él era muy fuerte. No llegó a terminar los espasmos vaginales cuando sacó su verga, cogió a Blanca y le dio la vuelta para ponerla a cuatro patas para volvérsela a meter, ella no cabía de gozo pues aún estaba muy sensible. La embistió de nuevo varias veces y la volvió a sacar pero esta vez se la iba a introducir por el ano, así que puso suavemente su glande en la entrada y la metió de golpe para dejarla unos segundos dentro.

  A Blanca casi le da algo de esa embestida pero al sentirla  dentro del todo le dio gusto y empezó a mover y apretar su ano. Pablo salía loco de gusto ante esa presión y no dudó en empezar sus movimientos, la agarró fuerte por las caderas y comenzó a penetrarla con ganas pero bajó el ritmo porque quería que se corriese otra vez. No dudó en estimularle el clítoris mientras se meneaba suave dentro de ella sin llegar a sacarla, a Blanca le costó poco irse y una vez lo hizo comenzó de nuevo con las embestidas más fuertes hasta reventar dentro de ella repitiendo su nombre una y otra vez en cada golpe.

  Quedaron exhaustos después de ese polvo y todos los nervios que se traían. Se tumbaron uno al lado del otro y cuando recuperaron un poco el aliento Pablo la cogió en brazos y la llevó a su cama donde los dos se quedaron abrazados y dormidos. No sabía qué hora era cuando se despertó solo se dio cuenta que en la calle había oscurecido. Despertó a Pablo que nada más verla la abrazó de nuevo para volver a poseerla… ella se dejó hacer, fue un polvo rápido después se ducharon juntos y aún lo hicieron de nuevo en la ducha donde Blanca se arrodilló y debajo de los chorros del agua comenzó a chuparla hasta hacer que se corriese. Pablo sabía que ella estaba a punto y sin terminar de correr la puso de espaldas a él y se la metió de golpe consiguiendo que a la tercera embestida Blanca se fuese. Para ambos fue un momento fantástico pero… pero quedaba aclarar en qué punto se encontraban y si esto era una relación o solo sexo.

©Geraldin Lumiére

domingo, 24 de septiembre de 2017

"Y... POR QUÉ NO (CAP.20)"



                                                      "Y... POR QUÉ NO (CAP.20)"

                                                                              20

  A los minutos Blanca tomó las riendas de la situación y con paso seguro se fue hacia él recriminándole si no le iba a invitar a entrar, Pablo pestañeo dos veces y se apartó dejándola entrar. La siguió después de cerrar la puerta hasta el salón, ella estaba de pie esperándolo a que entrara. Viendo que él no decía nada quiso saber hasta dónde había visto pero sin preguntar directamente

—Bueno… te preguntarás el porqué de esta visita ¿no? —Blanca no sabía cómo lo iba a encarar y con esa pregunta ganaba algo de tiempo.
—Pues si te soy sincero… no mucho, la verdad —Pablo se estaba aguantando las ganas de preguntarle si es que se arrepentía de lo de esa mañana.
—Sé que te preguntaras también porque no quise ir anoche a verte… la verdad es que estaba con todas y me sabía mal dejarlas en ese momento, además tú estarías muy cansado después de salir. Así que decidí quedarme, tampoco me acosté tarde —Mentía con la intención de que él hablara pues se le notaba que estaba a punto de explotar por la medio sonrisa que le salió al escuchar su versión.
—Mira Blanca…creo que los dos sabemos que estas mintiendo —Su voz temblaba como la de un niño chico ante una regañina, quería aclarar todo pero tenía miedo a perderla.
—¿ Por qué piensas eso? —A ella le pasaba un tanto de lo mismo que a Pablo.
—Porque te he visto esta mañana en la terraza del bar con un hombre moreno —No sabía si omitir detalles o sacar todo.
—¡Ah! Sí , se llama Abel y fue muy amable de traerme a casa —Sabía que esto iba a reventar más de un momento a otro.
—Pues para no acostarte tarde vi que te retiraste ya de buena mañana a tu casa —Se daba cuenta de que le costaba más controlarse, los celos le podían.
—Parece ser que me viste en todo momento y no fuiste capaz de saludar ni decir nada —Blanca sentía como su interior ardía por el tono sarcástico que ponía para decirle las cosas.
—Mujer no quería molestar a los dos tortolitos y menos en su beso — Sabía que había roto la barrera, ahora era cuando podría perderla y ya no sabía por dónde tirar.
—Vaya… ya salió ¿tan mal te sabe? —Le sudaban las manos porque no quería confesarle lo que ella había visto de él y a cada respuesta le costaba más callarse todo.
—¿ A mí? ¿por qué? Tú eres libre de hacer lo que quieras, no somos pareja —Su corazón estaba tan acelerado que pensaba que se le salía del pecho.
—Cierto por eso tú anoche también tuviste un buen polvo en el despacho de recepción —Ya no pudo más o hablaba o reventaba de guardar tanto. Total se estaban diciendo todo… puestos a perder…
—Creo que la persona que te ha informado lo ha hecho mal—Le dejó tan helado saber que se había enterado que solo le salió esa simple defensa.
—Perdona guapo pero nadie me ha dicho nada… yo estuve allí. Fui a verte para darte una sorpresa y fui incapaz de romper el momento de éxtasis que teníais los dos pues se escuchaba hasta el mostrador, menos mal que estaba yo sola — Se había quitado un gran peso de encima al sincerarse completamente, aunque quedaba mucho por decir.

  Pablo se quedó sin habla no esperaba que ella hubiese tenido ese detalle de ir a verle en horas de trabajo y menos sin avisar, eso le dejó fuera de juego. No sabía cómo salir y tiró otra vez por lo fácil recriminándole que ella también se había ido con un hombre y que por las horas que llegó no estuvieron jugando a las cartas. Eso a Blanca le dolió en cierto modo, sabía que se había acostado con Abel y pensándolo bien sin ningún remordimiento, aunque en el fondo sabía que lo había hecho por despecho… pero él empezó todo con ese polvo de recepción y ella se preguntaba quién sería la de los gemidos salvajes.

   Al final Blanca se armó de valor y decidió ser sincera del todo. Le dijo todo lo que hizo y sintió esa noche conforme fue transcurriendo, le costó pues las lágrimas afloraban cuando recordó el momento del hotel. Pablo al verla llorar y descubrir que era sincera optó por lo mismo, costándole horrores confesar su otro encuentro con su compañera Bea a lo que Blanca se sumó con más lagrimas rompiendo él también a llorar. Los dos estuvieron llorando, mostrando sus sentimientos hasta ahora guardados por miedo a enamorarse cosa que ya había ocurrido. Se miraron fijamente y se abrazaron fuertemente culminando con un beso pasional, tanto que…

©Geraldine Lumière

viernes, 22 de septiembre de 2017

" Y... POR QUÉ NO (CAP.19)"



                                                       "Y... POR QUÉ NO (CAP.19)"

                                                                               19

  Una vez se terminaron el desayuno se fueron cada uno a su casa, Blanca se duchó de nuevo pensando que con eso se quitaría el aroma de Abel. Pero las imágenes se mezclaban en su cabeza, las vividas con Pablo y las de la noche con el adonis. Hubo un momento en el que pensó desistir de esa idea de acostarse sin llegar a sentir pero decidió dejarla a un lado y hablar con Pablo a ver por donde salía. Quiso llamarle  aunque pensó que estaría durmiendo después del turno de noche, así que se lio a recoger todo lo de la cena anterior y limpiar, sería la única manera de tener la mente ocupada. No había terminado de recoger el friegue y ya tenía el móvil en la mano para llamarle, en la pantalla salían ellos dos la noche del juego en el restaurante, eso le hizo sentirse culpable. Quería engañarse así misma pero su corazón ya sabía a quién quería y no era otro que a Pablo. La llamada sonó hasta cortarse pero volvió a insistir y pasó lo mismo, quiso pensar que estaba durmiendo y lo tenía en silencio y no en que no quería contestar por lo que pudo ver en la terraza el bar.


  Pablo llegó a casa derrotado por el cansancio y la moral por los suelos, no quiso ni ducharse se tiró encima de la cama pensando que se dormiría al instante, pero el dolor que sentía en su pecho no le dejaba casi respirar y menos conciliar el sueño. En su mente solo veía a Blanca besar a ese hombre moreno y eso le partía el alma aunque él no quisiese reconocerlo pero la amaba desde el primer día que hablo con ella. Casi eran las tres de la tarde cuando su teléfono comenzó  sonar, en la pantalla pudo ver la imagen de Blanca una foto que le hizo con ese vestido la noche de aquella cena tan maravillosa. Quiso atender la llamada pero cuando iba a descolgar le saltaban unas lágrimas de rabia que no podía contener, así que decidió esperar a que se le pasara ese mal genio que se gastaba en esos momentos. Ya hablaría con ella sino era en los cafés matutinos, ya sería el fin de semana en esa cita que tenían pactada, de todas formas tenía buena excusa ya que había trabajado de noche y se supone que estaba durmiendo.


  Blanca ya no podía aguantar más sin saber de él, necesitaba verle hablarle, besarle… así que sin más se ducho para quitarse el sudor de haber limpiado y se cambió de ropa, cogió su coche y se fue derecha a casa de Pablo, si hacía falta le fundiría el timbre hasta que le abriese. Una vez llegó no le costó localizar el portal, se puso enfrente del panel de timbres hasta encontrar el nombre de él y empezó a tocar como una loca… tanto que al décimo toque Pablo descolgó el telefonillo con tono de pocos amigos, ella se quedó parada ante ese tono pero se armó de valor y le dijo que era Blanca que por favor le abriera la puerta. Él se quedó alucinado de saberla en la puerta tanto que ella le gritó si iba a abrir o qué. Se escuchó el pitido de apertura y entró enseguida, se dirigió hacía el ascensor y subió hasta su piso. Cuando llegó estaba esperándola en la puerta, ella se dio cuenta que iba descalzo y despeinado eso quería decir que lo había levantado de la cama, aunque le sorprendió verle con esos vaqueros y la camisa abierta. Se quedaron mirando fijamente sin decir nada ninguno ni ella daba un paso hacía la puerta ni él la invitaba a entrar.

©Geraldine Lumière



jueves, 21 de septiembre de 2017

"Y... POR QUÉ NO(CAP.18)"






                                                      " Y... POR QUÉ NO (CAP18)"

                                                                          18

  Pensó lo que pensó y se fue al bar donde siempre se veían entre semana a tomarse un cortado, aunque le pillaba lejos de casa no podía pasar sin verla y saber que le pasaba. Llegó y se sentó como siempre en la mesa de la terraza así se podría fumar ese cigarro que le hacía falta. Justo cuando se iba el camarero después de dejarle su servicio vio el llamativo deportivo rojo, no pudo más que quedarse embelesado pues le fascinaban los coches. Le estaba gustando hasta que vio bajar a Blanca después de que el dueño del vehículo le abriese la puerta, esa complicidad entre ellos y sonrisas le encendieron los celos. No tendría que ponerse así pues había estado con Bea ya en dos ocasiones, pero no podía remediarlo y eso aún le enfadaba más.


  Llegaron hasta donde se encontraba el bar y aparcaron casi en la puerta, el viaje había transcurrido entre risas al recordar partes cómicas de lo sucedido entre ellos hacía unas horas. Abel salió del coche y fue a abrirle la puerta, había que reconocer que era muy caballero. Al darle la mano para ayudarla a salir la pegó a su cuerpo quedando nariz con nariz, la seguía deseando pero ella le paró los pies diciéndole que estaban en la calle y en su barrio, allí todo el mundo la conocía y por el momento quería guardar un poco los modales aunque ella también estaba deseosa de comerle de nuevo la boca. Después de dejar clara la situación caminaron hasta el bar sin parar de hablar y se sentaron en una mesa de la terraza, esa mañana estaba toda llena, debería ser por la buena temperatura que hacía ese domingo. No se dio cuenta que Pablo estaba en una de ellas y la miraba con ojos entre sorpresa, rabia, desilusión, sin perder detalle alguno de todos sus gestos y más los que tenía hacía Abel.


  Pablo no sabía si ir y presentarse o simplemente irse a casa y dejar que ella se lo dijera. En cambio Blanca se lo estaba pasando de vicio ajena a su presencia y sus miradas controladoras. Abel se deshacía en halagos y caricias hacía ella provocándole carcajadas, hasta que sin poder remediarlo le dio un apasionado beso que ella respondió. En ese momento se levantaba Pablo y de la impresión y dolor que le causó ver ese beso se tuvo que sentar de nuevo, nunca antes había tenido esa sensación de vacío en su interior. Lo que no sabía es que ella también sintió esa misma sensación hacía unas horas a causa del polvo con su compañera Bea. Le costaba controlar tanta rabia… tanto que no pudo más y se levantó.


  Se fue derecho a por su coche, se marchaba a casa sería lo más sensato y no montar un número en público y menos a ella, sabía que no tenían nada serio y no debía recriminarle  nada por mucho que le doliese lo que acababa de ver. Blanca se dio cuenta de que había estado allí al mirar hacía la esquina y verle de espaldas subir a su coche, hasta entones no se había dado cuenta de su presencia. Se preguntaba donde había estado sentado y cuánto tiempo y lo peor aún… si los había visto besarse. Aunque había decidido vivir su vida sin ataduras a partir de esa noche para no sentir dolor, el saber que los podía haber visto le afectaba. Pero pensar en lo que él hizo también le daba fuerzas para no sentirse mal… pero no del todo, no podía negar que sentía por Pablo y mucho.

©Geraldine Lumière

miércoles, 20 de septiembre de 2017

"Y... POR QUÉ NO (CAP.17)"



                                               " Y... POR QUÉ NO (CAP.17)"

                                                                       17

  Se dirigía hacia la barra con un contoneo de caderas muy insinuante, cuando le agarraron por la cintura plantándole un beso en el cuello por detrás, no era otro que Abel que al ver que tardaba se fue hacía la puerta del baño a esperarla. Ese gesto le pilló de sorpresa en todos los sentidos pues no se esperaba ni que estuviese aún allí ni que su cuerpo se excitara al sentirlo. Se apretó tanto a ella que pudo percibir su miembro excitado, eso aún la puso más caliente. Sin dudarlo se dio la vuelta y le plantó un beso en la boca… pero no un beso cualquiera sino uno con tal pasión que a Abel le temblaron las piernas. Cuando separaron sus bocas decidieron irse a otro lugar más apartado. Nada más salir del local él la cogió de la mano y la llevó hasta su coche un Porsche rojo, ella al verlo se quedó con la boca abierta y Abel al ver su gesto se echó a reír y le dio un beso para sacarla de su sorpresa, una vez dentro del coche le dijo que iban a su apartamento que estarían mejor y no estaba muy lejos de allí. Y ella le confirmo con un si al instante… y… por qué no.


  Eso de que no estaba lejos era por la velocidad que llevaba él con el coche, porque esa distancia la hace ella en el suyo y hubiese tardado una hora. Llegaron al garaje del edificio y cogieron el ascensor hasta la última planta donde se encontraba su apartamento o ático de lujo. Blanca cada vez alucinaba más ante tanto lujo y gusto por la decoración. Nada más entrar la llevó al salón y le invitó a ponerse cómoda, le preguntó si quería tomar algo y ella le contestó que no quería más alcohol pero si agua fresca, él pensaba lo mismo y sacó dos vasos y una botella grande agua. Se sentó pegado a ella mirándola a la cara, pensó que se iba a poner nerviosa, se notaba que no la conocía… Blanca no tardó ni treinta segundos en sentarse a horcajadas encima de él al tiempo que le comía la boca. Fueron quitándose la ropa casi a estirones se deseaban y no era de extrañar después de los besos del local, aparte de que ella desprendía una sensualidad fuera de lo común.
 

  Empezaron haciéndolo en el sofá pasando por la alfombra hasta llegar a la cama y de ahí a la ducha, la verdad que fue una noche muy intensa. Abel se quedó alucinado con la forma de amar de Blanca y ella con el aguante de él en el sexo aparte de que lo hacía también muy bien. Puede que repitiera y no le apetecía cerrar esta nueva puerta que se le había abierto, también había que decir que Abel no estaba interesado en cerrar ninguna. Se dieron los teléfonos y quedaron en verse el siguiente fin de semana. Una vez se ducharon él se ofreció a llevarla a su casa, ella quiso compensar ese detalle invitándole a desayunar en el bar que lo hacía habitualmente y estaba muy cerca de su casa. Abel aceptó encantado se sentía a gusto con ella, entre ellos dos había nacido una buena amistad en plan de folla-amigos sin ataduras, así lo decidieron.


  Pablo se quedó pensativo después de colgar el teléfono, no se esperaba la negativa de Blanca a esa noche y encima el hecho de haber tardado antes tanto en contestar, se preguntaba si estaría con algún chico esa noche y eso le ponía celoso. Ya no paró de darle vueltas hasta que llegó el siguiente turno que no era otra que Bea, que llegó una hora tarde adrede para fastidiarle por pensar en otra mientras follaba con ella. Pablo la miro con cara de pocos amigos cuando la vio entrar y ella le respondió con una sonrisa socarrona como diciéndole “jódete, a la próxima me llamas Blanca”. Una vez hecho el relevo fue a cambiarse, eso hizo que saliese de trabajar a las nueve de la mañana. Al salir tan tarde pensó en desayunar primero, aunque no dejaba de pensar en Blanca y no sabía si ir a su casa antes de irse a dormir o dejar pasar hasta el día en el que habían quedado.

©Geraldine Lumière